HE caminado bici en mano desde la escuela hasta mi casa, miles de colores, muchos rosas, una media de blancos y una mezcla indefinida de otros tantos se movían a mi alrededor en todas direcciones, una mancha brillante que resulto ser un coche, algo pequeño amarillo y veloz que era un niño entre otras tantas cosas que seguramente no habré intuido... la culpa la tiene el taller y la escayola, que si no hubiese tenido que ir, mi querida lentilla hubiese estado agustito dentro de mi ojo, y no como en el sótano aquel, que parece que no le gusta y me dio de pedradas en el ojo.. teniendo que quitarmela y guardarla durante un largo rato (tres horas exactamente) en un trozo de papel higiénico dentro de la funda de los pañuelos de papel, y allí a salvo de todo, mi lentilla se iba achicando. Yo mientras tanto, a medio ver, escayolaba sin piedad un trozo inutil de corcho, mientras tanto la maldad del ojo izquierdo se apoderaba del derecho y su vagueza pudo conmigo, teniendo que guardar la otra lentilla junto a su amiga en el mismo trozo de papel higiénico. Así, sin ver, lije, barrí y ande por un taller tan lleno de trastos peligrosos cuando no ves, y me deje llevar por las corrientes de colores callejeros, perdiéndome la oportunidad de ver caras, vestidos, sonrisas, e ilusiones.