25 nov 2011

¿Lo escuchas?,
es el sonido de la llegada,
los pasos resuenan como el zumbido de cien abejas,
los pies ¿los ves?
Suben y bajan caminando en distintas direcciones, unos solos, otros acompañados, unos caminan despacio y otros ligeros como el viento, pero justo allí a esa altura parecen ordenarse por un periodo corto de tiempo.
Si observas al fondo el aire se comprime de tal manera que es imposible ver ni respirar; cientos de manchas de colores vienen y van, en verano fatigadas corren buscando el aire que les de bienestar, en invierno a este aparente caos se le suma el vaho y esas se unifican formando un todo que se mueve al unisono, aparentemente la tranquilidad vuelve al sonido de un pitido, una voz en off o algún tipo de alarma, y entonces todo queda vacío y aquel de allí desaparece llevándose a unos pocos y dejándose a otros tantos.

Todo esto te parecerá extraño, pero cada día deambulan por aquí alguna que otra ilusión, unas pocas de lagrimas, pensamientos, las miradas tímidas, las perdidas, las sonrisas sinceras, algunos saludos, otras tantas despedidas, algo de soledad, aburrimiento, nerviosismo, pero todo esto es de lo mas común aquí, cada día veo abrazos infinitos que no consiguen detener el tiempo, gente corriendo, alguien que dibuja a alguien...

Este es el templo de la lectura, del café malo y caro del bar de enfrente, de las charlas en grupo a altas horas de la mañana, de los paseos desesperados controlando el tiempo, del constante traqueteo de las ruedas deslizándose por el suelo. A veces me quedo observando a escondidas a la chica morena que alegremente saluda minuto a minuto a miles de pasajeros, si te soy sincero me sorprende su templanza y esa capacidad que tiene para hablar en lenguas que yo desconozco.

¿que me dices a todo este bullicio? Y si te digo que por la noche esto es una ciudad fantasma donde unos pocos duermen. Que se encuentra triste, sola y vacía, que todo el espació queda desolado esperando impaciente a que llegue un nuevo día en el que cientos de pies atraviesen estas calles y estas salas, a sentir de nuevo tantas emociones y experimentar nuevas experiencias.

Yo al igual que ella llego impaciente cada mañana para ver como poco a poco aparecen esas manchas llenas de emociones, de ilusiones o tristezas, y espero a que El, transporte todas sus esperanzas.  

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