Esta semana pone punto y final a mis vacaciones de verano, verano compuesto de trabajo, dulce y color.
Me quedan solo tres días de estudio, de mañanas y tardes agonizantes dándole color a cosas, cortando papel, montando maquetas, tirada por los suelos llena de corcho blanco y un etc muy amplio, dejare atrás aquellas tardes de descanso en las que me introducía en el maravilloso mundo de las magdalenas, las galletas y las tartas.
Me quedan tres días de carreras por Córdoba, de examen en examen, de entrega en entrega, de escuela de idiomas a la esad, de la esad a casa y así ciclicamente... gracias señor/a del ministerio por no pensar en los que compaginamos idiomas con carrera, carrera con trabajo....
Este verano a diferencia del anterior que fue mar y tranquilidad, lo he dedicado a conocer a zorras, currar mucho y estudiar más. Bienvenidas sean las vacaciones que me pienso tomar el día nueve de septiembre.
Y como adelanto la ultima escenografía que estoy fotografiando.
29 ago 2012
5 ago 2012
Barcelona
La sensación de adentrarte en una calle totalmente desconocida y ver tienditas llenas de colores, la librería de segunda mano, el vestido color verde, aquel del mapa de metro de Barcelona, la frutería del barrio, el turco, la vinoteca, la pastelería con dulces franceses. Tan solo 300 metros de recorrido llenos de nuevos aromas, ciudadanos del mundo paseando por las calles, batidos naturales de fresa y banana.
Luz, color y humedad por todos los rincones, arte, grafitis y viejos roqueros, bares y mas bares de todas las nacionalidades, y en la calle de las tapas, el italiano, el libanes, un moro y otro típico catalán, al fondo, casi al final de la calle, el mercado de abastos, con sus huevos de avestruz y su japones para llevar.
Barcelona, donde cada edifico es arte, donde cada calle huele a mar.
Luz, color y humedad por todos los rincones, arte, grafitis y viejos roqueros, bares y mas bares de todas las nacionalidades, y en la calle de las tapas, el italiano, el libanes, un moro y otro típico catalán, al fondo, casi al final de la calle, el mercado de abastos, con sus huevos de avestruz y su japones para llevar.
Barcelona, donde cada edifico es arte, donde cada calle huele a mar.
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